Another Round ★★★★★

Las actuaciones de los cuatro protagonistas en Druk son impecables, en especial en las escenas de borrachez; ni son forzosas, ni sobreactuadas. Y eso que abarcan desde el mínimo síntoma de la primera copa hasta el descontrol provocado por el no-sé-cuántas-llevo. Mención especial a Mads Mikkelsen, un actor que generalmente hace de malo. Excepto aquí, donde el papel de padre y amigo bueno le sienta de lujo. A los cuatro los vemos contentos, enfadados, borrachos y bailando (coreografías de las que se quedan en la memoria). Y no flojean en ninguno de los estados.
La película tiene muy buen ritmo, ya que hace avanzar la historia y le agrega toques de humor que sacan varias sonrisas fáciles. El principal ejemplo se encuentra en la escena de la cena, donde se expone la loca idea que llevarán a cabo: Con conversaciones largas pero divertidas, arranca con felicidad y humor y avanza poco a poco hacia la decaída, esperada desde el inicio. Y es genial porque, sin tratar de sorprender, consigue mantener la expectación hasta el final gracias a los altibajos constantes en el transcurso del metraje.
Es espectacular cómo consigue, en sus dos horas de duración, hacernos empatizar con los cuatro profesores. Con todos. Conocemos sus debilidades y sus fortalezas dentro y fuera del trabajo, y eso permite a "Druk" ser más profunda de lo que aparenta. Temas tan delicados como la soledad, la desmotivación o el hecho de hacer lo que quieras hacer, dejando atrás las responsabilidades y lo que es políticamente correcto, son tratados con muchísima elegancia y realidad.
También tengo que remarcar el buen trabajo de la dirección de arte. La construcción de los planos y escenarios es bonita y el movimiento de cámara es crucial; dominante en el desenfoque y el plano en movimiento. La música, además, tiene mucha personalidad.