Personal Shopper ★★★★½

Sin haber tenido la oportunidad de encontrarme con anterioridad con el veterano realizador francés Olivier Assayas, he de admitir que su Personal Shopper, protagonizada por mi favorita Kristen Stewart y dotada del galardón a mejor dirección en el Festival de Cannes del pasado año, me ha soprendido muy gratamente. Incluso hasta el punto de llegar a convertirse en una de las mejores películas que he visto durante este 2017.

Dotada de una narrativa inusual, sugerente, poco explicativa y, sobretodo, situacional, su chocante mezcla de géneros, entre los que convergen el drama, el misterio, el thriller y algo más, no voy a descubrir lo que más me ha sorprendido de ella convirtiéndose en la baza más arriesgada e impactante del filme de Assayas, Personal Shopper es una película tan perturbadora como atractiva. Tiene ese algo especial que emana de ella, todavía no sé porqué, pero se me ha cruzado varias veces por la mente Nocturnal Animals, ese descomunal trabajo que firmó Tom Ford también en el 2016.

Con una calidad abrumadora a la hora de rodar, esa elegancia y esa sobriedad tan europea (la película está localizada en París prácticamente en su totalidad) inherente en todo el metraje, Personal Shopper explora la soledad, el amor, la pérdida, los vicios, la esperanza y la necesidad humana (tanto a nivel emocional, como físico y material) de manera brutal, explícita y con una capacidad para plasmar vidas ajenas (y propias) absolutamente impresionante.

Siendo la Stewart la única protagonista del filme, los demás son meramente secundarios que interactúan con ella en mayor o menor medida sin robarle ni un segundo de protagonismo llevando ella el control absoluto en todo momento sin necesidad de poco más que su delicada, distraida, errática y sugerente actuación añadida a ese look de grunge trasnochada con ojeras marcadas, sin maquillaje, desgarbada y con esa media melena que me mata de gusto, para componer un personaje de lo más original, triste y necesitado.

El cuidado estético que rinde Assayas a su película es prácticamente enfermizo, tan aséptico como expresivo con la cámara (por mucho que suene incoherene así es). lo sofisticado de sus personajes, sus localizaciones y una música simplemente perfecta, Personal Shopper es una rara avis que funciona a las mil maravillas en todos sus tonos.