A Spell to Ward Off the Darkness

Vivimos en un mundo edificado sobre la denostación constante de la espiritualidad, convirtiéndola en el pensamiento débil de aquellos incapaces de aceptar «la objetividad científica del mundo». Aceptamos la nada y sus consecuencias con fe ciega, como religión de sí misma. En «A Spell to Ward Off the Darkness» seguimos el viaje espiritual en tres actos de un hombre, desde una comuna neo-hippie hasta su papel como batería en un grupo de black metal pasando por su aislamiento en una cabaña perdida en medio de un fiordo, todo ello para encontrar ese algo que lo aleje del oscuro abismo que es el sinsentido de la existencia. La ausencia de rumbo dentro de un caos primordial que nada nos debe.

Abrazar la oscuridad es necesario para hacerse uno con la misma: el hechizo para mantenerse lejos de la oscuridad es adentrarse en su seno, combatir a brazo partido, aceptar su parte constituyente dentro de nosotros mismos. Sólo quien penetra en la noche como la noche penetra en él, es capaz de volver a la luz con herramientas nuevas.

El camino puede ser adusto, cuando no difícil y escarpado —en particular cuando la película insiste en planos fijos rayano el videoarte, generalmente de forma innecesario—, pero es el único modo de explorar eso que hay de más profundo en nosotros. Porque la oscuridad nos atraviesa para que nosotros podamos conquistarla.