Atomic Blonde

Hablar de Atómica resulta problemático. Charlize Theron dando hostias está sublime. Esa paleta de colores basada en colores de neon de tonos fríos resulta un descubrimiento interesante. La fauna posmo, sin alcanzar la sobria elegancia del lore de John Wick resulta llamativa. Pero aun con todo eso a su favor, David Leitch carece de lo más importante para replicar el éxito del barco que ha seguido conduciendo en solitario Chad Stahelski: un guión a la altura y auténtica comprensión de lo que está haciendo con la cámara.

Con combates sin pies ni cabeza, un guión de espías cuya anemia no salva el hecho de que resulte innecesariamente confuso y teniendo su mayor logro en una pelea en plano secuencia que hace bueno al masturbase de Iñárritu en Birdman, Atómica es un constante quiero y no puedo de set pieces hechas para molar por alguien con la mentalidad de un adolescente adicto a la MTV de los 90's. Lo cual puede tener su encanto, pero no sirve para articular una película. No cuando la comparación con John Wick es inevitable.

¿Quita eso que Theron esté estupenda, que Leitch debería seguir explorando esa paleta de colores y que necesitamos más heroínas así? En absoluto. Pero unos pocos méritos aislados y una necesidad acuciante no hace mejor una película con graves defectos. Por más encanto que tenga. Incluso si deseamos con todas nuestras fuerzas que nos encante.

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