Christopher Doyle: Filming in the Neon World

Christopher Doyle es cómo maneja la luz.

Este famoso director de fotografía, conocido por su heterodoxo acercamiento a su disciplina —llena de efectos, usando mucha iluminación ambiental, cagándose en todas las reglas no-escritas de la fotografía—, lo es por cómo ha hecho de su modo de gestionar la luz su particular seña de identidad. Porque mucho antes de Nicolas Winding Refn, cuando hablábamos de luces de neon —que no de colores neon, equívoco común de mucha gente: lo de Refn son colores, lo de Doyle luces—, hablamos de este segundo. Hablamos de Doyle.

En este brevísimo documental no se habla de otra cosa. Luces. Neones. Hong Kong. Tierra de las luces de neón. De cómo Doyle se enamoró de la tierra, sus luces y la imposibilidad de captar algo que no sea ese extraño marasmo residual que deja la luz en todas las cosas.

El cielo nublado de la contaminación. El residuo lumínico de los carteles de neon. La sombra de las personas escapándose como un gas delimitador.

Eso es Christopher Doyle : Filming in the Neon World. Su propia definición de un residuo. De ese gas informe, incontrolable, que debes aceptar como algo que puedes modular, pero no controlar. Algo que no puedes esperar cambiar, domar o que haga exactamente lo que tú le pidas.

Como las personas. Como todos. No sólo como Doyle, aunque sólo unos pocos más aparte de él parezcan dispuestos a aceptarlo.

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