Commando

Schwarzenegger haciendo el cabestro. Coprotagonista femenina que, al encontrarse con las peleas de John Matrix, no puede evitar esputar un «no soporto tanta cháchara de machos». One lines como modo de vida. Montaje psicotrónico. Escenas completamente carentes de sentido, pero con la poética de la explosión, el miembro separado del cuerpo y el músculo realzado con pintura. Eso es Commando.

Por supuesto, podríamos incidir en otras muchas cosas. En la falta de presupuesto, en el bochorno naïf de su comienzo paterno-filial con un Schwarzenegger dedicado a su hija al más puro estilo La casa de la pradera o en cómo ir por la vida arrancando asientos de coche, ascensores o miembros ajenos no es algo demasiado lógico ni habitual ni siquiera para las portentosas habilidades físicas del austriaco, pero, ¿a quién le importa eso cuando estamos ante una película consciente de lo absurda que es?

Porque Schwarzenegger se lo pasa bien. Porque todos sus personajes parecen saber que están dentro de una película; disfrutan de sus one lines, la cámara se recrea en el absurdo, al montaje sólo le importan dos cosas: la acción y la reacción.

Que le follen al realismo.

¡Viva Schwarzenegger disparando! ¡Viva los soldados muriendo!

Porque Commando no pretende ser más que eso: una oda al descerebrado frenesí de los 80's. Y en eso, es una obra maestra.

AlvaroMortem liked these reviews