In This Corner of the World

En la vida no poseemos el tiempo. Lo cual implica que no poseemos la vida. Todo pasa, todo ocurre, y nuestro lugar en el mundo es temporal. Pero nada de eso nos quita relevancia. Mientras estamos vivos, estamos atados a los otros y sus circunstancias; sólo en tanto somo para los otros, encontramos un rincón que podemos llamar propio.

En este lugar del mundo, seguimos la vida de Suzu Urano, una muchacha con la cabeza siempre entre la ensoñación y sus (excelentísimos) dibujos que vive en la ciudad de Kure durante la II Guerra Mundial. Tras su infancia, feliz, salvo por un hermano mayor que se cree alguna clase de autoridad moral, se casará cuasi forzada con un muchacho al cual no conoce de nada, dejando atrás a su familia, su pueblo y el chico del cual estaba enamorada. Adaptándose a su nueva vida y teniendo que enfrentarse al pasado —visitas de su hermana, de ese chico especial— y al futuro —la guerra siempre está presente, pero los bombardeos y la bomba nuclear están siempre en el horizonte—, al final todo acaba siendo un examen a su capacidad para vivir con un pie entre lo real y lo imaginario. En otras palabras, ¿cuánto puede llegar a combarse el alma humana sin romperse?

Al final la respuesta es la que nos ofrece el zen. Debemos ser como el junco: flexibles como para resistir cualquier peso, siendo capaces de volver a nuestra posición original.

Ahí radica el gesto radical de Sunao Katabuchi . En no darnos la respuesta obvia. Ni el clásico individualismo ni la chorrada sentimental. Aquí el I will survive se convierte en I will adapt, haciendo que Suzu, quien acabará sufriendo brutales vaivenes emocionales, además de dolorosas (e irrecuperables) perdidas, pueda seguir viviendo. Porque es como el junco. Se comba, pero no se rompe. Tiene sentimientos oscuros, pero aprende a vivir con ellos. Pierde cosas que le importan, pero gana otras por el camino.

De ahí que todo apunte siempre hacia el futuro. Hacia la adaptación. Supervivencia implicaría que Suzu busca volver al pasado, recrear aquello que ya tuvo tras pasar por malos momentos. Pero Katabuchi nos señala la dirección contraria: estar vivo supone aceptar que todo cambia. Que debemos aceptar que algunas cosas quedan atrás, pero aún nos queda la posibilidad de aferrarnos a las cosas que nos ofrece el presente.

Tal vez desaparezcan personas. Lugares. Situaciones. Tal vez no seamos los mismos. Que nuestros cuerpos cambien. Pero seguimos aquí. En algún lugar. Rodeado de gentes y circunstancias.

Y lo importante es tomar la iniciativa y aferrarse a ellas mientras todavía sigan ahí. Mientras todavía sigamos aquí.

Report this review

AlvaroMortem liked this review