Mai Mai Miracle

Shinko Aoki vive en el pasado. Como una suerte de Sei Shōnagon infantil y pasada de vueltas. En el presente tiene a su abuelo, la tranquila vida en el campo y sus amigos del colegio. En el pasado tiene una vida de princesa y la posibilidad de vivir extrañas aventuras, aunque extrañas más por descolocadas en el tiempo que por desconcertantes. Al menos, hasta que aparece una niña nueva en el pueblo. Y con ella, con Kiiko Shimazu, tendrá que aprender a vivir también en el presente.

De todo amable y sin grandes catástrofes, Sunao Katabuchi firma aquí su película más canónicamente anime. Al menos si entendemos anime como preciosista, calmada y con un punto mágico, haciendo especial énfasis en los niños.

Desatando el encanto de dos épocas bien marcadas, la corte del siglo XI y la segunda mitad del siglo XX, toda la película va transcurriendo entre los relajados rigores del presente y la fantasía igualmente espartana del pasado. Porque eso es lo más irónico de Mai Mai Miracle: el pasado, la fantasía, es tan mundana como el presente real. Y por ello los mejores momentos son pequeños momentos del presente.

Las protagonistas emborrachándose con dulces de licor por accidente. La hermana pequeña perdiéndose. El entierro del pececillo muerto que habían adoptado.

El conflicto está ahí, pero casi parece ausente. Como si entorpeciera el encanto de ese transcurrir de los días donde lo único que importa es el nacimiento y consolidación de una amistad. Los diálogos ingeniosos. El constante avanzar hacia algo más profundo, complejo y bonito que todos esos pequeños gestos encantadores que las rodean.

El pasado no nos hace falta. La fantasía es la excusa. Y como tal no aporta nada sustancial.

Pero sólo por el presente, por la sutilidad e increíble pulso narrativo con la que consigue sostener esos pequeños momentos de costumbrismo, Mai Mai Miracle merece la pena. Porque consigue retratar aquello que parece imposible: cada breve instante en que una relación crece hasta asentarse en algo más profundo de lo que ninguna de las involucradas jamás creyó posible.