Whiplash

A Damien Chazelle se le ha acusado de cosas horribles. Considerado el pope audiovisual del pensamiento neoliberal, no pocos dicen que sus películas son odas apenas sí encubiertas al trabajo como fin último de la vida.

Algo que, irónicamente, es lo contrario a lo que he visto en mi revisionado de Whiplash.

Narrándonos la historia de Andrew Neiman, un dulce pero ambicioso estudiante de conservatorio, a su encuentro con Terence Fletcher, un profesor y director de orquesta obsesionado con la victoria y encontrar the next big thing del jazz, el camino fácil era convertir esta película en un thriller sobre la obsesión profesional que sólo podía acabar de dos modos: o con la victoria de Neiman sobre Fletcher, demostrando que éste segundo tenía razón al usar los métodos que utiliza, o con el abandono de Neiman ante las tentativas de Fletcher, demostrando que ningún posible progreso profesional compensa ser maltratado de forma sistemática por nadie.

Esas son las dos salidas estándar. Ya no las posibles o las inteligibles, sino en las que pensaría cualquier individuo, críticos incluidos, al intentar explicar esa clase de historias. A fin de cuentas, todos estamos imbuidos del pensamiento neoliberal. Todos caemos en esa idea de «todo es posible a través del esfuerzo».

Pero Chazelle no es cualquier individuo. Chazelle es un maldito genio.

Eso puede apreciarse en la sutil manera en que lleva la dirección. No sólo en el montaje, de tempo perfecto, o en la fotografía, sugerente sin ser forzada, sino también en la narrativa.

Para entender eso, es interesante fijarse en Fletcher.

A nadie sorprenderá afirmar que es, en esencia, un maltratador. Alguien que hace el vacío cuando se responde de un modo que no le interesa, que agrede física o verbalmente cuando no se le da lo que quiere y muestra arrepentimiento cuando la persona parece lo suficientemente rota como para darle de lado.

Hasta aquí, su personalidad es transparente. Evidente para cualquiera.

No tan evidente es el hecho de que toda la película se explica a través del ritmo. De quien lo marca, quien lo sigue, quien es el que lleva la voz cantante.

Fletcher es quien controla los tiempos durante toda la película. Decide cuando y cómo se hace cada cosa. De ahí el It's not my fucking tempo!: no está hablando del tempo de la batería, sino de cómo la ejecución no está siendo todo lo cuidada que él cree necesitar para alcanzar sus objetivos. Que no le están dando exactamente el esfuerzo que les está pidiendo.

No por nada, esa es la mayor constante de la película. No que la gente yerre o no sean lo suficientemente buenos, sino que Fletcher les exija un mayor esfuerzo. Les humille. Les haga saber quién manda.

De ahí que la victoria de Fletcher se de, necesariamente, en que mantengan su tempo. Y si al final de la película, en forma de venganza, tiene que sacrificar una canción sólo para humillar a Andrew y destruir su carrera, como él ha hecho con su carrera docente, eso es un precio pequeño a pagar: un error de juicio en la elección de su orquesta no es algo que le fuera a salir muy caro a Fletcher en términos de prestigio. No cuando, tras la primera canción, bien puede sustituirlo por un batería que sí demuestre ser competente. Pero a Andrew, cagarla delante de todo aquel que es alguien en el mundo de la música, le puede costar toda su carrera.

Pero eso es también por lo que el final rompe con el mensaje neoliberal clásico. Porque la victoria no llega de plegarse ante la cantinela del esfuerzo, el emprendedor y la actitud positiva.

Hagamos un brevísimo excurso teórico antes de explicar el porqué.

Todo pensamiento se configura a través del tempo. De la repetición de ciertos patrones, conceptos e ideas de tal modo que aprendamos a articular nuestro pensamiento a través de ese ritmo. Que vivamos pensando que esa cantinela es la única forma óptima de vivir.

¿Cuál es el mayor triunfo posible para un maltratador o una ideología? Meterse en nuestra cabeza. Hacernos creer que la única vida que merece la pena vivir es la que ellos dictaminan.

Ahora bien, ¿qué ocurre si nosotros encontramos nuestro propio ritmo, o al menos otro ritmo? Que entonces rompemos con su discurso. Descubrimos un modo de vivir que no pasa, necesariamente, por el ritmo que nos pretenden imponer. Y con ello, podemos separarnos de las imposiciones ideológicas en las cuales pretenden sumergirnos.

Volvamos, entonces, sobre Whiplash.

Andrew es humillado por Fletcher durante toda la película. Éste le rompe de todas las maneras inimaginables: le humilla, le enfrenta a sus compañeros, le aleja de su familia, de su novia, de sí mismo. Sólo por el apoyo incondicional de su padre, que siempre está ahí, consigue salir del ciclo tóxico que implica Fletcher.

¿Por qué? Porque su padre es otro tempo. Otro ritmo.

Aquí la lucha no es de Andrew contra Fletcher. Es la lucha de dos figuras paternas, dos formas de concebir la paternidad: Jim Neiman vs. Terence Fletcher; padre protector vs. padre estricto.

Retorciendo las categorías políticas de Lakoff, podríamos resumir la película en la lucha entre dos ritmos diferentes. Entre el ritmo del padre protector, que cree que su deber es conseguir que su hijo logre su máximo potencial a través de asegurarse de que no sufre daños irreparables y tiene las máximas oportunidades posibles en la vida, y el ritmo del padre estricto, que cree que la letra con sangre entra y su deber es hacer entender a su hijo que el fracaso es un efecto derivado necesariamente de la falta de esfuerzo.

Fletcher intenta transmitirle que, si fracasa, es porque no se habrá esforzado lo suficiente. Su padre intenta transmitirle que, si fracasa, no pasa nada: buscarán el modo de conseguir otra oportunidad.

Entonces, ¿porqué gana la idea del padre protector? Hasta donde vemos, es el esfuerzo lo que lleva hasta donde está. Pero ahí radica el truco: el padre protector no niega el esfuerzo. Niega que el fracaso sea motivo de no haberse esforzado lo suficiente. Niega que no haya un factor suerte, o adecuación, en todo lo que hacemos.

Por eso, al final, Andrew triunfa sobre Fletcher. Porque se hace consciente de que, sin su padre, él ya se habría roto.

Por eso intenta retomar la relación con su novia, ver a su padre en el backstage es lo que le da coraje para enfrentarse a Fletcher y, por encima de todo,ni siquiera ha practicado más de lo normal para estar allí. Él ya es lo suficientemente bueno, o lo suficientemente avispado, como tener derecho a estar allí.

Fletcher no le hacía practicar hasta sangrar porque no fuera lo suficientemente bueno, sino para inculcarle que, sea o no lo suficientemente bueno, sólo vale tanto como su capacidad para esforzarse.

Sólo vale tanto como sea capaz de plegarse a sus deseos.

Para afianzar esa idea, recordemos el primer conflicto de Fletcher con su banda. ¿A quién expulsa del grupo de estudio cuando hay alguien desafinando? ¿Al que desafina o al que no es consciente de que no está desafinando? Al segundo. ¿Porqué? Porque no le importa quién es bueno o quién no. Le importa quién se esfuerza y se subordina a su forma de pensar y actuar.

Que alguien sea o no bueno es un acto secundario. Para el padre estricto lo importante es que sigan su propio ritmo.

Por extensión, Fletcher no gana. Andrew no rompe su relación con todos para plegarse a los deseos del padre estricto: lo desafía, se encara a él y le deja bien claro que aquí sólo hay un ritmo posible: el suyo propio. Algo que es propio del padre protector. El que cree que el éxito en la vida no se determina a través de la subordinación a sus superiores (AKA al padre), sino a través de encontrar aquello que nos es más beneficioso a nosotros mismo. Aquello que nos hace felices.

Por eso Andrew se esfuerza, suda, sangra, pero le vemos hacer algo que no habíamos visto hasta entonces en la película: sonríe. Está esforzándose. Da todo lo que tiene, da más de lo que tiene, pero no tiene un rictus impenetrable por rostro. Sonríe.

Está feliz de estar allí. De tocar la batería. De hacer lo que está haciendo.

De ahí que Chazelle sea un genio. Porque entiende que el padre protector no es aquel que impide a su hijo hacer cosas, sino el que observa desde la barrera y, cuando lo necesita, está ahí para él. Ejerce de red de seguridad, se asegura de minimizar los daños de su polluelo si cae al emprender el vuelo, pero no le impide buscar su propio camino.

El que lo hace es el padre estricto

Porque el padre protector quiere que su hijo se emancipe encontrando su propio ritmo, el padre estricto quiere que su hijo sea idéntico a él convirtiéndose también en padre estricto.

Por eso gana Andrew: hace lo que le hace feliz AKA encuentra su propio ritmo óptimo.

Por eso pierde Fletcher: no consigue imponer su ritmo.

Por eso Chazelle articula un discurso antitético al del neoliberalismo: para él, sin cuidados, sin amor, es imposible llegar a ser bueno. Porque sin personas que te cuiden y te protejan, tu vida se convertirá en un infierno mucho antes de que consigas encontrar tu propio ritmo.

Pero sigamos destripando un poco más esa idea.

¿Qué ocurre con el hijo que se subordina al estilo estricto de Fletcher? Se suicida. Según nos cuenta Chazelle, el chico que consiguió ser grande de mano de Fletcher, acabó suicidándose. ¿Y qué ocurre con el hijo que abraza el estilo protector de su padre? Que florece. Que supera todas las expectativas del padre estricto no porque lo haya roto, sino porque tenía una red afectiva detrás (su padre, esencialmente) que ha impedido que se rompiera.

Nada de neoliberalismo. Nada de sacrificar la vida en favor del éxito. Al contrario: Whiplash trata de cómo el éxito sólo se nos da con trabajo duro y los cuidados necesarios por parte de terceras personas como para poder hacer todo ese trabajo duro. A fin de cuentas, ¿quién puede perseguir el éxito, o la felicidad, si cada fracaso significara vernos abandonados sentimental o financieramente? Quien no tiene las suficientes redes debe buscar seguridad afectiva y/o económica, no el éxito en lograr una vida plena. Por consecuencia, ¿cómo podría Andrew haber seguido adelante si no hubiera tenido la seguridad financiera y emocional que le da un padre que lo mantiene económica, anímica y judicialmente contra los desvaríos psicóticos de Fletcher?

Andrew se rompe cuando cree que no necesita la ayuda ni de su novia ni de su padre ni de ninguno de sus compañeros. Cuando quema puentes, se deja a sí mismo sin redes de seguridad y, cuando todo se viene abajo y pierde la oportunidad que supone Fletcher, ya no le queda nada.

Salvo porque no logra romper realmente con sus redes. Todavía le queda el amor incondicional de su padre: sale adelante porque su padre está ahí para protegerle.

En cualquier otro caso, si sólo hubiera tenido a Fletcher, nunca hubiera vuelto a pisar un escenario tras agredirle.

Es así de sencillo. Sin cuidados no hay trabajo. Sin gente que nos mime, nos proteja y saque adelante cuando nos caigamos, cuando nuestras fuerzas flaqueen por el exceso de esfuerzo, nos romperemos antes de ser algo.

Y el camino al éxito es duro de por sí como para tener que vivir soportando el maltrato de la ideología asesina de los resentidos.

Report this review

AlvaroMortem liked this review