Ready Player One ★★★★½

This review may contain spoilers. I can handle the truth.

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Estos últimos años... bueno, para ser más preciso, este último par de décadas ha surgido un movimiento nostálgico bastante lucrativo dentro de la cultura popular. En buena parte, ha sido gracias a que aquellos que crecimos en los años 80 y 90 ya tenemos el poder adquisitivo para comprar aunque sea un cachito de nuestros recuerdos infantiles en forma de figura de acción de He-man, de un modelo a escala del DeLorean de Volver al Futuro o hasta incontables reediciones de nuestras películas favoritas de hace por lo menos, 20 años.

Dentro de esa gran ola comercial y nostálgica, apareció en 2011 una novela escrita por Ernest Cline y quien aparentemente, no dejó ningún recuerdo olvidado dentro de las páginas de los miles de ejemplares que circulan (y gracias a la película, circularán aún más) alrededor del mundo, hablando de cultura pop. Por lo menos, eso es lo que he escuchado a los detractores de la película y amantes de la novela quienes en su mayoría, no están satisfechos por la interpretación de Steven Spielberg hacia la pantalla grande.

Yo debo dejar en claro que no he leído la novela, y siendo más sincero, ni siquiera sabía de que trataba hasta hace pocas semanas. No sé como no estaba en mi radar puesto que me considero un consumidor declarado de (casi) todo lo que tenga que ver con la cultura popular de las dos décadas en las cuales tuve la gran fortuna de pasar mi infancia. La última vez que revisé mi guardarropa, conté 30 playeras con referencias a todo tipo de películas, series, cómics y videojuegos.

Y ese es el punto principal de Ready Player One: ¿hasta donde es sano el nivel de fanatismo por todos esos mundos y universos ficticios que solo existen dentro de una pantalla, libro, cómic o dispositivo? Si bien a simple vista es un festín de referencias, mundos y personajes conviviendo en un mismo espacio, hay varias lecturas no tan difíciles de atrapar debajo de todas las secuencias de acción. La principal desde mi perspectiva, es precisamente a lo que algunos expertos en sociología definen como "kiddult": adultos que se niegan a crecer y se aferran a sus recuerdos de la infancia.

El viaje de Percival a lo largo de la película es una interpretación bastante peculiar del camino del héroe propuesto por Jospeh Campbell, en la cual, Wade Watts salva a un universo ficticio de una perversa corporación que estoy casi seguro que antes se llamaba Electronic Arts. Pero su verdadero descubrimiento es una de las verdades más fuertes y sencillas que, sin importar lo adictivos que sean los iPhones ni lo divertido que sea Tinder, todos deberíamos comprender: la realidad siempre ha estado, y siempre estará ahí. No detrás de una pantalla.

Leyendo estos últimos párrafos, pareciera que estoy criticando una tendencia de la cual formo parte, y por ende, criticándome a mi mismo. Y si, asi lo es. Sin embargo, también está el otro lado: existe gente que se niega a crecer y a ser responsable en su vida adulta, pero también estamos quienes acudimos a esa nostalgia para ayudarnos a lidiar con los momentos más obscuros de la realidad, no como queriendo regresar al pasado, sino para recordarnos que podemos volver a sentir esa alegría, esa sorpresa, y ese amor que cuando niños. Y sobre todo, para no traicionar a nuestros propios valores y creencias, tal y como sucede (no tan) metafóricamente en la última escena donde aparece James Halliday junto a su versión infantil.

Ready Player One es una obra maestra, a mi parecer: ese equilibrio entre contar una historia basada en una novela, con tantas referencias (y por consecuencia, cientos y cientos de licencias de copyright), tanta acción y a su vez, un mensaje tan adecuado en este momento histórico, solo había una persona que podía llevarla de manera tan magistral a la pantalla grande; ese personaje que ha dirigido y/o producido las películas más queridas y recordadas dentro de la cultura popular en los 80's y 90's y quien ha declarado abiertamente que vive de y en la nostalgia: Steven Spielberg.

Como nota personal, me alegra no haber leído primero la novela. Quizá mi enfoque hubiera estado en la fidelidad, y no en la película como tal.