Happy End ★★★★

«Todo el film está rodado al revés, comenzando por final y terminando con el principio, e incluso los diálogos están pronunciados a la inversa». Pues menuda chorrada, ¿no?

No, pero podría haberlo sido. Mientras que otros cineastas –alguno aún vivo y bien reconocido– jugaban a experimentar por experimentar, a romper las normas establecidas solo por el mero hecho de romperlas, otros llegaban un poco más lejos y llevaban a cabo lo que yo llamo una experimentación con sentido. «Happy End» podría haber sido una tontería si lo único que se pudiese decir sobre ella es que, efectivamente, está al revés, pero su autor no está preocupado por romper el orden narrativo del cine canónico sino por sacarle provecho a este punto de partida experimental, sirviéndose de él para explorar caminos poco –o directamente nada– transitados dentro de la narrativa y la comedia.

De esta manera, con un derroche ilimitado de ingenio, imaginación e inteligencia –y en poco más de una hora, con los tiempos medidos, para que la «broma» no se haga pesada–, el cineasta checo juega con el sentido aparente de las cosas y lo que ellas nos sugieren –un nacimiento, un desmembramiento, un funeral, el acto de comer– y con un humor negrísimo y rabiosamente mordaz las presenta como lo contrario –un fallecimiento, una construcción, un nacimiento, el acto de vomitar– llevando al máximo las posibilidades que le ofrece la propuesta levantando una obra marciana, insólita, que parece tener lugar en un universo distinto al nuestro en el que constantemente tenemos que reinterpretar lo que vemos para situar los hechos que se suceden de ese mundo en el un hilo argumental bajo la lógica del nuestro.

Una delicada, irreverente, divertida e inteligentísima obra de relojería.