Long Live the Republic ★★★★

Maravillosa.

Supongo que a estas alturas he abusado injustificadamente del adjetivo pero difícil encontrar uno que encaje mejor. Tan difícil como conseguir que un crudo relato de guerra desborde vida; tan difícil como encontrar la manera de plasmar el mundo a través de los ojos de un niño y, pese a ello, mantener la mirada adulta, severa y falta de esperanza; tan difícil como conseguir que ambas miradas se junten, se mezclen, se intercambien, se superpongan y la cinta no solo funcione sino que se eleve como ese niño que, en su imaginación, escapa volando del terror de la guerra.

Las bellísimas imágenes de esta película hablan por sí solas hasta el punto de que creo que la habría disfrutado igual si no hubiese subtítulos, si el único diálogo corriese a cargo del buen criterio de su director componiendo planos que encierren en sí mismos anhelos, temores, recuerdos y completos estados de ánimo. Siendo tan difícil esto de hacer obras maestras, uno no puede evitar alabar a Kachyna, que las hacía casi por inercia. Es maravillosa de veras, de «excelente, extraordinario y admirable», que dice la RAE.