Mission: Impossible - Fallout

Una auténtica catedral del blockbuster, además de la única entrega de "Misión: Imposible" que sí parece transcurrir en el mismo loco universo cinematográfico que la segunda, a la que remite de un modo impredecible.

Para mi gusto, empieza regular. McQuarrie no es un guionista virtuoso, la historia es la peor de la saga y le cuesta encontrar el equilibrio porque se edifica sobre una paradoja: quiere ser más chiflada que ninguna otra, a veces al borde de lo caricaturesco, pero, por otro lado, pretende extrañamente orquestar un cuestionamiento en torno a una figura tan líquida como la de Ethan Hunt (cuando da la impresión de que hay tantos Ethan Hunt como películas de la saga). Por fortuna, pronto empiezan las largas y estilizadas secuencias de acción marca de la casa y la película ya nunca para. Cada bloque ha sido diseñado cuidadosamente para tener una entidad propia y deslumbrar por sí mismo; la suma de todos ellos es demencial.

Christopher McQuarrie se consolida por todo lo alto uno de los mejores directores en activo del género: planificaciones pulcras, seco y contundente al mostrar la violencia, con gran sentido del espectáculo a la hora de pensar en un "más difícil todavía" para cada desafío al que se enfrenta el protagonista. La persecución en París -que tiene esa increíble imagen de Hunt conduciendo a toda velocidad en contrasentido por el Arco del Triunfo, sin más música que el sonido de los motores y los neumáticos aturullando-, la gymkana en Londres o el disparate final de la lucha de helicópteros hacen de esta película uno de los puntos álgidos de una saga donde todas las entregas son, como mínimo, excelentes. También crea un problema para su supervivencia: es difícil pensar ahora en un modelo superior.