A Star Is Born ★★★½

Hay numerosas virtudes en el debut como director de Bradley Cooper, y la mayoría de ellas guardan relación con su faceta como intérprete: la química que se establece entre la pareja protagonista, embriagadora e irresistible; el propio trabajo de Cooper como artista roto, o el buen hacer con el conjunto de actores y actrices –empezando por una Lady Gaga con algún que otro instante soberbio– que responden magníficamente a la puesta en escena planteada por el debutante, consagrada a los planos largos y al primerísimo plano (salvo en el caso de él mismo, filmado –acertadamente– en escorzo una y otra vez).
Por lo demás, no demasiadas sorpresas, salvo esa secuencia, tan insoportable como toda Hereditary, en la que Cooper nos recuerda que Grammy y grima son palabras que comparten muchas letras.
Le pediremos un bis.

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