First Man ★★★★

Hay que sacar el cartelito de 10 para valorar bastantes aspectos de First Man. Es una película con una labor de diseño de producción y una capacidad para reproducir el aspecto de los sesentas y los pormenores de los primeros años de la astronáutica sencillamente perfectas, y es más que evidente que consigue plenamente lo que se propone: recrear, de la mano de un abatido Neil Armstrong (Ryan Gosling en oportuno modo cara-de-palo), el camino hacia el triunfo lunar de 1969 como un periplo arduo y repleto de sinsabores.
Es un largometraje de Damien Chazelle y, por tanto, la dialéctica entre ambición y sacrificio se sitúa en primer término.
No hay que buscar en First Man, por tanto, una crónica triunfal y emocionante de la carrera espacial americana en los tiempos de la confrontación con la Unión Soviética. Aquí lo que uno se encuentra es mucha pesadumbre y muchísimas dificultades. Tanto de lo uno y de lo otro que, a pesar de la excelencia reinante, pocas ganas te quedan de volver a pasar por semejante desfile de momentos claustrofóbicos y/o pochos, y menos ganas aún de ser astronauta.
Precisamente, lo que más me gusta del Armstrong de Chazelle/Gosling es que, al concluir el film, no estás muy seguro de si su deseo de pisar la Luna obedecía a sus aspiraciones como aeronauta o a la necesidad de estar realmente a solas con su hija Karen, cuyo fallecimiento, narrado con ascética eficiencia en los primeros instantes de la cinta, determina, y de qué manera, el tono de esta obra lánguida y nada complaciente.

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