Julieta ★★★½

Tras lo del avión siniestrado de 2013, Pedro Almodóvar escoge el tren y la barca pesquera para volver al drama, a las madres (y padres) y a las hijas. Las cosas que me seducen y las que me espantan del manchego vuelven a quedar expuestas en pie de igualdad, provocando la familiar sensación de caminar constantemente por esa evanescente frontera que separa lo excelso de lo ridículo. Diría yo que esta vez los aciertos superan, aunque a duras penas, a los tropiezos, y me atrevería a asegurar, osado de mí, que eso se debe a que esta vez Almodóvar se abstuvo de saturar la trama con infinidad de personajes fuertes, intensos o pretendidamente memorables. Personalmente y salvo alguna honrosa excepción, suelo decantarme por sus películas con elencos reducidos y, por contra, a sus terribles filmes corales de los 90s no los quiero tocar ya ni con un palo.
Julieta es felizmente cartesiana en ese aspecto, con lo que las dificultades para su digestión, en mi caso, se reducen a lo forzado de algunos planteamientos, a lo retórico de muchos de sus diálogos -también al metrónomo que los acompasa- y a la manía de salpimentarlo todo con sus guiños culturales (esta vez le ha tocado, por ejemplo, a Ryuichi Sakamoto, a Lucian Freud o a Patricia Highsmith. Curiosamente, ninguna mención a Rubén Blades, jeje).
Pero es justo decir que, si bien me parece que el director de Átame es un narrador errático, creo que es un excepcional generador de hallazgos formales. Esta cinta ha adoptado como mascarón de proa uno de ellos (el momento de la toalla, una brillantísima solución narrativa, sin entrar en más detalles), pero no es el único, ni el mejor: la asociación que se establece entre la anatomía y el gesto de dos de los protagonistas y la obra de Ava, la escultora, para transmitir la evolución en la relación de ellos tres es otro instante sobresaliente.
Como sobresaliente es el exquisita atención a los detalles de ambientación, desde el estilismo hasta la aparición de vehículos o teléfonos móviles, en una historia que transcurre a lo largo de los últimos 20 años (cifra jodida, a mi juicio).
Si sumamos a todo ello la hermosa reflexión que transmite la película, sobre lo indulgentes que somos como madres (y padres) y lo severos que son nuestros juicios como hijos (e hijas), pues creo que estoy en el grupo de los Romeos que le han salido a esta Julieta.

Juan liked these reviews

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