Village of the Damned ★★★★

El remake del célebre film de Wolf Rilla no es un Carpenter muy estimado por la mayoría, a pesar de contar no sólo con un buen número de estampas deliciosamente estremecedoras, sino también con una variación muy estimulante de ciertas constantes de su autor. Es posiblemente su película más elíptica, y añadiría que la más triste. La utilización de su modesto plantel de estrellas, concretamente del defenestrado Michael Paré, es un aviso a navegantes: no se aferren a ningún personaje, porque esto va a ser desolador. El progresivo deterioro del pueblo donde todo acontece, la impotencia de los lugareños al no poder obtener ni el amor ni la conmiseración de sus hijos, el cielo mostrando un constante crepúsculo al inicio de cada acto, los objetos cotidianos convertidos en instrumento de muerte y dolor...todo es tan penoso como terrorífico. Empezando por una comunidad despojada de su libre albedrío y, como tantas veces en la filmografía del maestro, aislada, y acabando por un héroe (añorado Reeve) incapaz de tener más opción que inmolarse, únicamente obtendremos un leve asidero en la figura de David, el niño desparejado (y gestado en un proceso de duelo, ojo) que, dándole la vuelta, como decía antes, a la obsesión de Carpenter con la pérdida de los atributos que nos identifican, desarrollará empatía por el dolor ajeno —al experimentarlo él mismo— aproximándose a la condición humana y alejándose del grupo uniforme que —de nuevo el reverso del lugar común carpenteriano— ha decidido atrincherarse voluntariamente y como afirmación de su dominio.

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