Leatherface ★★½

Si obviamos la cachondísima secuela de Cannon estamos ante la mejor entrega de la saga familiar desde la obra maestra de Tobe Hooper.
Eso es decir mucho y poco a la vez, puesto que ninguna secuela, precuela o remake (que no está mal) se ha aproximado siquiera a la pestilencia ambiental de la primera película, pero coño, es decir algo.
Aquí, quizás por aquello de la entraña, se intuye un poco de aquel insoportable olor a rancio.
Buenas ideas en los encuentros sexuales, cierta gracia jugando al despiste y algo de mala uva al confirmar que estamos ante una historia de amor maternal endogámico hacen que sus 88 minutos no se atraganten. Aunque se escucha algo de sierra, tampoco es para salir huyendo.
Eso sí: nunca habrá una escapada de un hospital mental como la de Halloween.

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