Ready Player One ★★★

Es curioso el número de estados distintos por los que atraviesa este extraño vehículo que ha elegido Steven Spielberg para demostrarse a sí mismo, y al mundo, que aún puede dominar las taquillas del planeta.
Para empezar, es posible que estemos ante el peor guión que ha puesto en imágenes en muchos, muchos años. Las premisas y algunas de las circunstancias dadas son tan aleatorias que, al final, uno termina arqueando la ceja al escuchar un buen puñado de resortes estallar en mil pedazos.
Luego está la estética. No nos engañemos: la parte virtual de Ready Player One es fea. Horrible. Espantosa.
La película está a punto de romperse del todo cuando los personajes se disponen a bailar, otra vez, otra película, la fiebre del sábado noche. Pero, de repente, la película hace una cosa que resulta más inteligente de lo que todos pensaban en un principio y, en un movimiento maestro, borra todo lo anterior para empezar a parecerse, poco a poco, en una película de Spielberg.
De las simpáticas sin más, pero de Spielberg.

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