Moonrise Kingdom ★★★★★

Las películas de Wes Anderson son siempre hermosas en toda perspectiva. Visualmente, se sabe, son un deleite, con su diseño de producción, su fotografía y sus composiciones preciosistas. Sus excentricidades y su estilo único atrae a sus fans una y otra vez. Pero además, tienen siempre historias muy humanas que hablan directo al alma, que te hacen vivir casi todas las emociones del espectro, para dejarte con calor en el pecho, algo de alegría y un poco de nostalgia.

Tengo especial cariño por las historias que tratan de peques viviendo la transición entre la infancia y la adolescencia. Recuerdo los 11-12 años como una época intensa, llena de emociones, cambios abruptos, tristezas, decepciones y algunas de las mejores experiencias de la vida. Además, yo siempre fui un chico raro. No tan problemático ni osado como nuestros protagonistas, pero sí lo suficiente para identificarme con su sentimiento de ser incomprendido.

Creo que por eso me llegó al corazón esta aventura de un chico y una chica de precisamente esa edad, que se enamoran y se escapan hacia tierras salvajes. Me pareció maravillosamente bien captada esa edad, en la que se mezclan la inocencia e ingenuidad que permanecen con el despertar, inquietante y fascinante a la vez, hacia los temas que dominarán sus vidas por los años que vienen: amor, sexualidad, relaciones afectivas.

Lo que quiero decir es que esta película, que hace mucho debería haber visto, me tocó de forma tan personal que no puedo hablar de ella de otra manera. Véanla, adultos consumidos por las tribulaciones de la edad, y háganla ver a los peques en sus vidas, y busquen juntos qué queda de esos rapaces de 12 años en ustedes.