The Lighthouse ★★★★½

Imaginen un cuento de H.P. Lovecraft adaptado por Ingmar Bergman. Fueron las primeras referencias que me vinieron a la mente mientras veía este filme, pero luego otros nombres me fueron llegando a la mente: Edgar Allan Poe, Samuel Taylor Coleridge, Herman Melville, Victor Sjöström, Erich von Stroheim o Hiroshi Teshigahara.

Me disculpo por la manera tan pretenciosa de iniciar esta reseña, nomás soltando nombres. Lo que quiero decir es: imaginen un relato de aislamiento, locura y paranoia, con un horror tentacular que serpentea en los alrededores, pero filmado con un perfeccionismo técnico que da como resultado una experiencia estética al mismo tiempo hermosa y perturbadora. Cine de autor, cine de arte, cine de terror.

Muchos elogios se ha llevado la fotografía de esta película, así como el diseño de arte y la dirección de cámara. Es que recuerdan a lo mejor del cine en blanco y negro de la primera mitad del siglo pasado, ya fuera expresionismo silente o la obra de los maestros japoneses. Visualmente magnífica, provoca exclamaciones de asombro, una tras otra.

Luego, tenemos las actuaciones. No por hacer menos al joven Edward Diggory Wayne, pero ¡oh, por Nodens, Willem Dafoe es un portento! Qué actuación tan increíble, qué forma de entregar diálogos enrevesados, escritos en jerga de viejo marino, con tanta convicción y fuerza. Hay un momento en el que espeta una maldición tal, que podríamos tomar esos segundos en un videoclip y sería una obra de arte en sí misma.

Como en The Witch, Eggers nos enfrenta al aislamiento total, a encontrarnos asediados por las fuerzas caóticas de la naturaleza, que demuestran lo frágil que son la vida, la cordura y la civilización humanas. Sin reparos, el director nos muestra lo ardua, incómoda y sucia que es la vida sin las ventajas de la sociedad. La sangre es una constante en el cine de terror pero, fluido noble, rara vez se deja ver, como aquí, junto a la orina, el semen y el excremento. La fotografía en blanco y negro atenúa el asco, pero Eggers no rehúye a mostrarnos las inmundicias de nuestra realidad orgánica.

Película ambigua y fantasmagórica, nos pone a dudar sobre la realidad que estamos presenciando. ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿De verdad el joven ayudando está alucinando? ¿O es el viejo cuidador del faro quien juega con su mente? Además, está sobrecargada de simbolismos y alegorías que invitan a interpretaciones. ¿Qué significa esta escena en la que los personajes intercambian los instrumentos para fumar que el resto del tiempo vemos en la mano del otro? ¿Qué significa que ambos compartan el nombre de pila? ¿En verdad podría tratarse todo de…? Bueno, tendrán que verla y sacar sus conclusiones.

Ahora, en cuanto a la trama, no es precisamente original ni sorprendente. Desde que queda establecida la situación, uno ya puede imaginarse para dónde va y qué es lo que sucederá, especialmente teniendo presentes las obras de Poe y Lovecraft. No importa; la cinta es sobre todo un estudio psicológico de los personajes sometidos a la situación en la que se encuentran y la confección estética de dicho escenario. En ese sentido, es majestuosa.

Maik liked these reviews