Killing Them Softly ★★★★

A partir de una trama mínima sobre ajustes de cuentas entre criminales de poca monta, Andrew Dominik (talento a observar desde El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, de 2007) construye una alegoría áspera y desencantada sobre la quiebra moral y económica de Estados Unidos tras el desastre hipotecario de 2008.

La cinta carece de fuerza acumulativa y se siente inacabada, cierto, pero esa misma negativa a adherirse a un flujo narrativo convencional la torna más desconcertante. James Gandolfini brilla como Mickey, otrora efectivo asesino arruinado por sus demonios y el alcohol. El dolor que emana de sus ojos es una de las tonadas más tristes y sentidas del noir americano reciente, un blues decadente y desolado. El mundo criminal de Dominik es una empresa en crisis. Más que intercambios gangsteriles, los diálogos entre Brad Pitt y Richard Jenkins asemejan la clase de negociación burocrática que tendrían un par de gerentes corporativos en torno al presupuesto del año siguiente. La diferencia: aquí el despido es definitivo.

La presencia constante de la cobertura noticiosa de la emergencia económica recuerda al uso dramático que le dio Abel Ferrara a la serie mundial de beisbol en Bad Lieutenant. La película se da vuelo con la estilización pero nunca se siente efectista o “sobredirigida”. Las líneas finales son lúcidas y valientes. Me pregunto qué pensará ahora Barack Obama de Brad Pitt.