migblah’s review published on Letterboxd:
Habitualmente acusada de racista y ejemplo de representación negativa de los indios en el cine de Hollywood, Northwest Passage se revela como algo muy alejada a todos esos preconceptos a poco que se atienda al film. Primero porque la película es una adaptación que parece muy fiel de una obra literaria que no tiene que expresar necesariamente la opinión de los responsables de la película, como tampoco tienen que hacerlo las diferentes opiniones que vierten algunas personas que salen en el film. El cine contemporáneo ha generado un vicio terrible en el espectador. El deseo de transmitir ideas a toda costa por parte de algunos cineastas demiurgos y manipuladores (de Kubrick a Spielberg) ha terminado por convencer al espectador de que todos los actos, personas y palabras de un film han de estar encaminados a la exposición de un mensaje. El éxito de este cine teledirigido y demagogo ha creado un espectador que cuando ve una película donde no todas estas ideas van en la misma dirección, la acusan de defenderlas. Y es incapaz de diferenciar entre la exposición y la identificación.
Y en este caso, Vidor no se identifica absolutamente con sus protagonistas: un grupo de rangers que atraviesa la tierra salvaje de Nueva Inglaterra para masacrar un poblado indio. Muchos de ellos son familiares y conocidos de colonos que fueron asesinados por los indios, y se manifiestan con odio y desprecio hacia ellos, entendiendo la misión como un acto de pura venganza. Seguramente no estemos de acuerdo con ellos, ni con sus motivaciones, pero son sentimientos y conductas que existen en cualquier conflicto bélico. ¿Qué debería haber hecho Vidor? ¿Manipular esos sentimientos, ese período histórico y la propia base literaria? ¿Crear una puesta en escena manipuladora para evidenciar ante el espectador lo equivocados que estaban esos rangers? En lugar de eso, se mantiene a una distancia prudente y filma esos discursos de la misma manera que una montaña, un río o los bosques que recorren. O como filma igualmente a un ranger poseído por la locura y la sed de sangre a punto de asesinar a un niño indio.
Para Vidor, la historia no puede ser objeto de manipulación, ni vehículo para extraer una maniquea verdad moral. Aunque al final haya un alegato del heroismo de esos rangers y especialmente de su líder Rogers, lo cierto es que el recorrido que realizan en la película es bastante patético, mostrando las dudas, los miedos, las faltas de disciplina de unos hombres que ven en peligro su supervivencia. No hay glorificación alguna, tampoco una crítica evidente. Eso queda al criterio del espectador. Es la grandeza de esta película de Vidor, que confía en la inteligencia del espectador para valorar cómo deben ser juzgados esos actos.
Estamos ante un film muy orgánico, muy físico, donde casi parece percibirse el olor de la hierba. Hay largas y muy bien construidas escenas de acción donde los rangers tienen que actuar colectivamente para enfrentarse a los desafíos de la naturaleza. El bello plano central de las canoas pasando desapercibidas en la noche por delante del campamento enemigo. El esfuerzo sobrehumano de subir las canoas a la montaña con sus propias manos para así evitar atravesar una zona del río conflictivo. O la escena en la que crean una cadena humana para atravesar el río son prodigios en los que Vidor nunca se centra en impresiones individuales, en mitificar esos hechos, sino mantenerse pegado a las acciones, mostrarnos su construcción y desarrollo. Podría decirse que a la película le falta sentimiento y apelar más a las emociones, pero quizás el cineasta no quería comprometer su punto de vista. Emocionante es la propia exposición del paisaje, filmado en maravilloso technicolor de tres tiras. El rodaje fue tan extenuante y caro, que la Metro canceló los planes de Vidor de hacer una segunda parte. Pero nunca las copas de los árboles, el barro, los cursos del río habían tenido esos colores, y pocas veces han sido expuestos de manera tan directa y cruda. Ni la historia ni el paisaje pueden someterse a ideologías particulares, parece decirnos el cineasta. Su cine nos hace mejores espectadores. Nos ayuda a rebelarnos contra el pensamiento único que intentan imponer los cineastas contemporáneos.