Dracula ★★★

Primero, Claes Bang es un Drácula inmenso. Su elegancia y sutil acidez lo hacen convincente en todo momento; yo lo seguiría visitando con gusto en una hipotética segunda temporada (eso no va a pasar). 

Pero creo que la marca “Gatiss/Mofatt” es lo que más le pesa a la mini-serie. Con la gran Sherlock funcionaba a la perfección la actualización del personaje, y si bien el Rey de Transylvania tiene momentos tan inspirados que parecen salidos directamente de la mencionada serie, se percibe la necesidad de hacer un comentario adicional que no termina de tener sentido, ya sea porque su flojo tercer episodio se precipita para llegar a lo que realmente quiere narrar, o porque es otro cansino “giro de guion” que llega en el punto más bajo de la historia. 

Los puristas definitivamente la odiarán. Yo no soy uno de ellos, y creo que algunos cambios son muy bienvenidos, por no decir necesarios. El que se le pueda ver como una antología invita a quedarse con sus mejores momentos, y los hay: jamás se volverá a ver al Deméter (el barco donde viaja Drácula) en tanta gloria, siendo el escenario ideal para una suerte de macabro “whodunit” donde el protagonista siempre está un paso adelante. Lo mismo con el icónico castillo del vampiro, que puede presumir de tener un diseño de producción más que notable. 

En fin, es el entretenimiento ideal si se quiere regresar a los relatos de vampiros atormentados. La mayor parte del tiempo es bastante simpática, por lo que se debe tener cuidado cuando vira violentamente hacia una dirección que tampoco había tanta necesidad de explorar.