Die Another Day ★½

La vigésima película de James Bond fue diseñada como un homenaje a la historia de la serie y he de reconocerle esto a Die Another Day: en poco más de dos horas concentra cuarenta años de estupidez. Una película en la que Bond pelea con un villano con diamantes en la cara, maneja un carro invisible, surfea sobre glaciares y tiene que destruir un láser gigante del espacio podría funcionar con el tono adecuado, pero Lee Tamahori trata todo con mortal importancia, empezando con un prólogo en el que Bond es torturado en una prisión de Corea del Norte, antes de embarcarse en una muy seria búsqueda de venganza. El nadir de Bond: desde la canción de los créditos de Madonna, a los diálogos doble sentido sin sentido. Lo único rescatable es Rosamund Pike, que podría haber hecho una genial mujer Bond en la era de Craig. Pero si esto fue lo que se necesitó para llegar al cambio de dirección que fue Casino Royale, tal vez no fue todo en vano.

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