Roger & Me ★★★★

Si se mantiene relevante treinta años después es menos por los instintos de Moore como cineasta que por la ferocidad con que el neoliberalismo se aferra a la política internacional a pesar del descontento de millones. Sus instintos, no obstante, son buenos. Flint era el canario en la mina de carbón y Moore lo captura con atención y empatía, resaltando los detalles surrealistas de una ciudad construida sobre el mito del progreso estadounidense, golpeada el corporativismo y sometida por el mito de grandeza promovido por Ronald Reagan. El montaje resalta la desigualdad económica de manera humorística y digna de encabronarse.

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