Paprika ★★★★★

SPOILERS MENORES.

Cuando estaba en secundaria, varios amigos y yo estábamos algo obsesionados con Satoshi Kon. Nos reuníamos en casa de alguien a ver las películas una y otra vez para discutirlas, decir qué estaba chido y en general ser unos ñoñazos. Nuestra fav era Perfect Blue, todos admitíamos que Millenium Actress era muy linda pero creo que no hay nada remotamente similar a Paprika. Años después de estos encuentros logré leer el libro y hace poquito la volví a ver. Concluyo, una vez más, que es perfecta desde donde uno la observe. A esa edad, Paprika me gustaba por la sensación provocada, era una bella combinación de música, múltiples capas narrativas y un estilo rotundamente genial de animación. Hoy me doy cuenta que también es una obra maestra de la forma.

La película está hecha para fluir como un sueño, de forma aleatoria y libre pero siempre con un claro anclaje y referente. Todos los cortes y yuxtaposiciones cumplen funciones que traslapan lo formal y hacen paralelos discursivos con extrema belleza y gracia, siempre remitiéndonos a temas de dualidad y honestidad hacia uno mismo. Pero no sólo es la edición lo que triunfa, los colores, la animación y hasta las propias transiciones dentro de escenas son elementos controlados a la perfección, tanto así que la película (a pesar de depender 100% de sus influencias ultra obvias) creó su propio universo referencial, completamente meta-cinematográfico (finalmente, Paprika es una película sobre ver películas y los sueños compartidos que provocan) pero al mismo tiempo original en cuestiones de estilo y construcción.

Pero la película no sólo es bella en los cimientos, lo es también en su temática sobre la conjugación de vidas dobles. Este elemento está muy poco desarrollado en el libro y ahí es cuando me doy cuenta que Satoshi Kon hizo de éste SU proyecto; no tanto una adaptación fiel del libro, sino una exposición de las ideas que a él le parecen importantes. En el libro hay una cuestión de tecnología, sueños y academia, sin mucho espacio para el desarrollo de personajes. En la película, por el contrario, el vínculo entre Atsuko Chiba y Paprika resulta el alma de la película, y esta relación le otorga un perfecto pulso. Kon hace películas sobre dualidades, sobre cómo una persona vive separada de sí misma. En Paprika esto se manifiesta de muchas formas: puede ir desde la más obvia, el personaje principal y su alter-ego, hasta lo más complejo, como Chiba reprimiendo sus sentimientos por Tokita. A este desarrollo temático se le suman unos increíbles paralelismos y escenas emparejadas que simplemente me destruyen totalmente y me inundan los ojos de lágrimas (particularmente cuando Chiba admite sus sentimientos y sus muros se derrumban).

En Paprika hay algo que me parece fantástico y no había notado la primera vez. Mucho tiene que ver con una cultura cinematográfica que no tenía antes. Kon es un obsesivo del cine norteamericano, y siempre lo ha expresado en su filmografía. Perfect Blue es un destilado psicológico japo-occidental de horror y misterio, Millenium Actress es un largometraje del Hollywood autoreferencial clásico llevado a su extremismo formal y experimental. En Paprika, por su parte, la referencia no es exactamente al género o estilo sino a la influencia del cine en nuestras vidas (después de todo, Paprika más que cualquier otra película de Kon es sobre la caótica vida de hoy en día). No por nada el detective quería estudiar cine (¡en un momento hasta explica la teoría del eje vestido de Kurosawa! un momento siempre guardado en mi corazón) y eso se vuelve una actividad de profundos problemas psicológicos que —no es coincidencia—no le permiten conciliar el sueño. Paprika juega con la idea del cine como un sueño y, más bello aún, un sueño compartido y comunal. Muchos teóricos y filósofos han visto al cine como el arte que define y retrata mejor a este siglo. Creo que a Kon le gustaba pensar eso, pensar que el cine es una actividad inevitable para la humanidad, un vertedero de emoción en bruto. Hay perdición y también hay ideas. Pero más que nada hay belleza. El cine es bellísimo, y Paprika le hace honor a esa aseveración.

Con todo esto, vale la pena recalcar que Paprika en realidad también diluye y hace invisible todos estos elementos. Este largometraje se apoya en su forma y tema para culminar en una gamma explosiva de ideas y emociones. Paprika triunfa porque al final no depende de análisis ni de observaciones exhaustivas, sino de una mirada superficial, de apreciar esos elementos minúsculos pero muy potentes. Por más exagerada que sea esta película, es difícil no relacionarse con ella y sentir que la vida contemporánea nos lleva a un estado de confusión similar. Kon es experto en dilucidar la vida citadina moderna, y cómo la humanidad se genera diferentes identidades. Paprika probablemente sea la mejor forma en la que el realizador pudo culminar su carrera: lo hizo a través de una clara referencia a su vida, al cine y a la necesidad de aceptar nuestra vida como es.

PD: nope, no he visto Tokyo Godfathers ¯\_(ツ)_/¯