Spider-Man: Homecoming ★★★

Los últimos proyectos del Universo Cinemático de la Marvel están despuntando por presentarse como estandartes temáticos que escapan de la tónica general mostrada en las distintas producciones de las dos primeras fases, dominadas por el más puro y carísimo entertainment y acompañados de una gravedad algo impostada, destacando por ser auténticas y sorprendentes cintas de acción en la que se perfilan personajes fantásticos acompañados de sus habilidades, sin apenas conflictos o cuestionamientos internos.

Ciertamente, la sub franquicia de Los Guardianes de la Galaxia ya aparece como la versión canallesca y muy gamberra de sus hermanos super héroes, pero también es verdad que la síntesis caricaturesca de esta saga ya contiene éste componente, y lo luce como algo inherente y característico de sus propios personajes. Así, la anterior Ant-Man (Peyton Reed, 2015) y la coetánea Thor: Ragnarok (Taika Waititi, 2017) ya exhiben un viraje hacia distintas perspectivas que humanizan al propio personaje desde perspectivas cercanas a la comedia, mostrando un sentido del humor sobre ellas impropio de la altiva divinización con la que son encumbrados las anteriores aventuras de éstos y sus compañeros super héroes. También es el caso de esta película, tercera trasladación de las peripecias del hombre araña a la gran pantalla, tras la trilogía de Sam Raimi / Tobey Maguire y las dos posteriores entregas dirigidas por Marc Webb e interpretadas por Andrew Garfield.

A tal fin, la elección del director ya fue toda una declaración de intenciones, al escoger al frente del proyecto al destacable director del potente e infravalorado thriller Cop Car (2015), Jon Watts. Coautor a la sazón del guion, la perspectiva adoptada nos lleva al punto dejado en el aire en Captain America: Civil War (Anthony & Joe Russo, 2016), para mostrarnos a un jovencísimo Peter Parker que justo en ese punto vital, imberbe e indeciso, está comenzando a descubrir sus habilidades, con el arrojo inconsciente y las circunstancias ocasionales propias de la juventud. La ilusión con corresponder a la confianza otorgada para formar parte del grupo de Vengadores choca frontalmente con decisiones escogidas de manera demasiado impetuosas y temerarias, al margen de su (a)normal relación con los jóvenes amigos de su círculo más próxima. Este enfoque permite otorgar un tono desenfadado más próximo a la comedia de situaciones, aunque su envoltorio sea formalmente el de género de acción fantástico, obteniendo de ésta conjugación unos resultados que dejaran algo insatisfechos a los más puristas del universo MCU, en una calculada jugada para atraer al público femenino más joven, con romance inconcluso incluido, por supuesto…

Las escenas de acción, por otra parte, están rodadas de manera altamente efectivas, adoptando inteligentes decisiones de cámara y aprovechándose de unos cgi notablemente aprobados, aunque sin excesivos alardes. Lástima que en su debe existen elementos que gravan algo su posible exitosa nota: el villano de turno, interpretado por un esforzado Michael Keaton, carece de profundidad y su esbozo no logra generar la empatía necesaria para atrapar anímicamente al espectador de manera decisiva y, en un torpe remiendo de la conclusión, aparece algo forzado el pretexto en el que se desvelan las identidades del héroe y su antítesis.

En definitiva, ésta rara avis dentro del corpus de superhéroes trazado por Marvel ofrece unos resultados artísticos gratamente competentes, aunque sin llegar a la brillantez de sus hermanos fílmicos, quizás por permanecer un poco en tierra de nadie, indefinido. A pesar de ello, establece nuevas posibilidades con un target que abre su panorámica a nuevos sectores de espectadores, a la vez que introduce una narrativa menos constreñida al puro espectáculo de acción. Quizás algo estirada, merece la pena no obstante dejarse acompañar por su tono desinhibido y sus agradables y tensas escenas de acción.