The Disaster Artist ★★★

Suele suceder con demasiada frecuencia que un exceso de bienaventuradas loanzas arrojadas sobre cualquier hecho o producto generan un exceso de expectativas tan desmesurado que acaban volviéndose en su contra, terminando por velar tupidamente los auténticos valores de ese efecto.

Creo que el caso que nos ocupa camina por esa senda. The Disaster Artist sufrió todo un magnífico revuelo boca-oreja tras sus primeros pases festivaleros a principios de otoño del año pasado, colgándose la etiqueta de comedia loca del año, recibiendo todo tipo de elogios basados en la interpretación masculina que realiza actoralmente el excelente outsider contemporáneo James Franco, quien también realiza aquí las labores de dirección.

Es curioso, porqué tuve la oportunidad de verla anticipadamente en octubre, en el marco de nuestro Festival de Sitges, en sesión doble de madrugada junto a otro filme con excelentes referencias de interpretación y guión, You Where Never Really Here. Por cuestiones de timming no pudo ser, pero nos prometimos valorarlas ambas, y nuestras previsiones fueron dispares.

Sinceramente, el oscuro y mimético trabajo de Joaquin Phoenix nos convenció mucho más (nuestra valoración en bit.ly/2zBUudG) que el de James Franco (sin desmerecer a éste último), pero a la hora de reclamar el injusto olvido en las nominaciones a las mejores interpretaciones de 2017 nadie recordó, una vez más, al bueno de Joaquin.

Por lo menos, el notable despliegue de recursos de James Franco si obtuvo reconocimiento en forma de Golden Globe. Es de justicia, ya que la inmersión que hace bajo el personaje real del misterioso y extravagante Tommy Wiseau sustenta toda la estructura del filme, apoyado en las notables performances de reparto, encabezado por su hermano Dave.

Filme de agradable potencia temperamental, con un guión basado en el esquizofrénico proceso de creación del peor filme de la historia, según una consideración generalista muy extendida, sus idas y venidas acaban extenuando mi interés de tal manera que acabo perdiendo la poca simpatía inicial que tenía hacia él. A pesar de su duración limitada, por tanto, acabo cediendo mi atención a aspectos colaterales al propio relato, y eso siempre es mala noticia. Esperaba más, mucho más de esta película algo sobrevalorada, cuyo activo principal y casi exclusivo nos parece el siempre eficiente James Franco; poco crédito para mi valoración global.