Valerian and the City of a Thousand Planets ★★½

La primera escena de Valerian es enorme en forma y fondo: a través de un montaje económico en diálogos y explicaciones y que fluye de manera suave, la película nos presenta el elemento central de su mitología, logrando además un momento genuinamente emocionante y que rememora al mejor sci-fi: el que asombra, que explora, que obtiene su esencia de mostrar las maravillas que la ciencia y el espacio pueden mostrarnos.

Mucho del encanto de esta escena inicial y de la película en general reside en lo visual: un ejercicio que mezcla la hechura artesanal y el CGI para crear escenas visualmente espectaculares, ingeniosas y que abonan al mundo central de Valerian y Laureline, pero que, a su vez, sirven de pretexto para que, en pos de lucir imponentes escenarios y criaturas, la historia vaya a lugares a los que no sería necesario ir, estancándose en baches que, si no sirven para el agasajo visual referido, sirven para intentar crear una mecánica (casi siempre simplona) entre los dos protagonistas, fracasando la mayor parte del tiempo y siendo más bien momentos que se antojan flojos, faltos de la imaginación que posee lo visual y que sacan a relucir, además, las carencias de los personajes y de sus actores, no pudiendo nunca lograr personajes interesantes, sólidos y que trasciendan más allá de clichés y detalles que se sienten de molde.

Hay mucho potencial en el universo de Valeria y, ciertamente, con una historia que aproveche mejor este universo y que construya personajes más consistentes y carismáticos (mínimo), una hipotética secuela se antojaría como algo épico, pero de momento nos quedamos con algo más simple: no tan terrible, no tan insípido, pero sí muy tibio y con poca consistencia.

William liked this review